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¿Y DESPUÉS ME PREGUNTAN PORQUE?

por Martín Adalberto Iseppi (Escritor) el jueves, 19 de abril de 2012 a las 02:13 p.m. ·

      Escribo desde que tengo 12 años, pero recién comencé a mostrarlo a los 17 o 18 años, solo a mi familia y después a mis amigos. A los 22 años me recibí de abogado y ejercí la profesión 8 años y medio, inicialmente en forma privada y después en la justicia donde luego de ascender llegué a ser el Secretario del Juzgado. Estudié leyes por que quería ayudar a las personas, ese era mi sueño. Siempre me rehusé a ver papeles en los expedientes, intentando constante darme cuenta que traes ellos hay personas. El dinero me gusta como a todo el mundo pero nunca estuve ni estoy dispuesto a vender mis principios por plata, todo tiene un precio pero hay cosas que no estoy dispuesto a pagar. En el juzgado viví cosas increíble, conocí personas maravillosas entre ellas un juez de los que quedan pocos con mucho corazón y principios irrenunciables.

     Luego de varios años de trabajar en la justicia, haber estudiado masters y estar en un escalafón importante para mi edad, comencé a ver más papeles que personas en los expedientes y a tener una sensación de que no estaba ayudando como siempre quise hacerlo. Me había arrutinado o mediocrisado, lo que generaba que no sienta satisfacción en lo que hacía, por ende estaba vació e infeliz. Así que por más que tenía un cargo de funcionario con estabilidad, un sueldo muy bueno, y ascensos garanizados, solo había que esperar unos años, decidí renunciar en diciembre del año 2010, me vine a vivir a Bahía Blanca, mi ciudad, y hace 1 año y cuatro meses que me dedico exclusivamente a trabajar en el campo, mi otro gran sueño, más específicamente en la actividad ganadera. 

     Las preguntas, opiniones de todas las personas cercanas a mi fueron de todos los estilos. Yo siempre digo que algo que para mi es muy simple pero no menos cierto “No era feliz, decidí serlo y para eso hay que ajustar ciertas cosas. La vida no está para titubearla sino para gritarla, para vivirla y hacerle el honor a cada uno de sus días”. Entre tantas preguntas y repreguntas, opiniones y miradas descalificantes nació este pequeño fragmento.

     Jamás pensé en compartir estas líneas en el sitio, pero siento que es una manera de que me conozcan, de que sepan quien es el que escribe. Y además luego de tanta demostración de afecto, tantas confesiones, reflexiones y consejos de ustedes, menos no podía hacer.

     Este Fragmento está escrito en primera persona y soy yo el que relata y todo lo que dice no solo es real y auténtico sino que es la descripción exacta de un día de este último año de mi vida.

 

 

 

                                                       ¿Y DESPUÉS ME PREGUNTAN PORQUE?

 

     Todos en el campo se habían ido a dormir, yo también estaba cansado, pero decidí tomar mi linterna de minero, ponérmela en la cabeza, y salir a fumar un cigarrillo fuera de la casa.

     Justo casi en el centro del casco había un asiento, era un tronco de eucalipto cortado por una motosierra que uno lo usa como banco.

     Segundos más tarde de haberme sentado comenzaron a venir hacia mi polillas, cascarudos y otros insectos que son atraídos por la luz, así que decidí apagar la linterna. 

     Casi instantáneamente el Negro, mi perro, que de noche ni se lo ve, se recostó sobre mi pierna haciéndome compañía.     Minutos más tarde comenzó a hocicarme reclamándome cariño, no es que le falte, pero el Negro es así de especial y siempre necesita que mi mano lo frote, además es más sencillo acariciarlo que aguantarlo.

     Luego comencé a prestarle atención a la oscuridad. Parece ser que las pupilas de mis ojos se dilataron permitiendo ingresar más luz, por lo que con la poca luna que había bastaba para que viera pequeños sombreados y siluetas de las cosas que había en el casco del campo.

     Lentamente me hice amigo de la oscuridad y el silencio de la noche comenzó a ser mi compañero, sorprendiéndome junto a él por cada nuevo sonido que se escuchaba.

     Como antes les contaba, luna casi no había, lo que generaba que el cielo despejado parezca un colador por la gran cantidad de estrellas y luceros que lo perforaban.

     Se escuchaba balar a las ovejas, es que justo ese día habíamos esquilado y me contaron que al principio los corderos no reconocen a sus madres por que al estar casi sin lana cambia su olor y fisonomía.

     Por momentos se sentían a los grillos cantar, también la brisa suave flameaba las ramas de los árboles, algún que otro toro gritando y un chillido agudo del molino al girar, con los tonos graves del agua al caer sobre el tanque.

     Era una canción, un concierto de sonidos naturales.

     También se veía en el medio de la oscuridad un circulo de fuego, algo ovalado, era el horno de barro, es que habíamos cocinado unos pollos con papas y las brasas seguían aun encendidas y con su brillo interrumpían parte de esa negrura.  

     Una forma rara sombreada que veía me había inquietado, aunque al segundo siguiente me saco una sonrisa, por que se observaba una imagen con representación de moustro, pero yo bien sabía que era un tamarisco, los cuales nunca crecen parejos y la poca luz de la noche deformaba su contorno invitando a imaginar.

     De pronto percibo un sonido extraño, era de agua, como que alguien se haya tirado un chapuzón en el tanque del molino, jajajajaajaja me había asustado, pero era el Negro, que se había ido sin que me diera cuenta de mi lado y se zambulló, es que es un Labrador y les fascina el agua y en diciembre acá ya hace mucho calor. 

     Era una noche única y especial. Era yo con los demás y no los demás conmigo.

     Era una manera extraña de encontrarse a uno mismo.

     Era un momento único y yo ya no estoy para perderme algo, no por que sea una persona de edad, todo lo contrario, sino por que hace un tiempo decidí ser feliz. Así que dejé el sueño a un costado y me fui a preparar unos mates, para limpiar las tripas como dicen los de acá.

     Al volver al eucalipto recortado traje, además del mate, la radio y sintonice el único dial de frecuencia AM que agarra en el campo y pareciendo a propósito engancho, ya casi finalizando, una canción maravillosa del Puma Rodríguez que se llama “Tengo Derecho a Ser Feliz” letra la cual te recomiendo escuchar o leer. Luego vino el resumen informativo de 10 minutos, los números de la lotería, hora, temperatura, pronostico del tiempo y nuevamente me sorprendí ya que me encontraba escuchando al Nano Serrat con una simple letra, pero no menos exquisita “Aquellas Pequeñas Cosas”.

     Quizás los dos temas que te mencioné te parezcan anticuados por sus melodías o cantantes, pero te pido por favor que te detengas un ratito a escuchar sus letras que te juro que no te vas a arrepentir si logras interpretarlas, además vas a comprender por que me emocionaron a mi.

     Posteriormente comenzó a cantar el Chaqueño Palavecino, pero el ritmo no pegaba y perturbaba el tranquilizador silencio de esta, mi noche. Así que apagué la radio.

     Tomé varias piedras y las comencé a tirar, ¿A que? A la nada, si poco era lo que veía. Pero igual las arrojaba, es que soy inquieto y me cuesta quedarme sentado mucho tiempo.

     Fui caminando con mucho cuidado hasta el alambrado, en total unos treinta metros, y comencé a cantar ese tema de Serrat, ¿viste que muchas veces te queda pegada la última canción que uno escucha?, la parte que no la sabía la silbaba, de pronto siento ruidos de pasos cerca de mí, eran sonidos de pesuñas que se me aproximaban y logré verla “era Cocha” una Yegua Petiza de color blanco que Mario, mi compañero de trabajo, usa diariamente.

     La acaricie y me logró sacar una sonrisa, es que pensé “claro, vino a mi por que escucho los silbidos al ritmo de Serrat jajajajaaja” por que Mario la acostumbró a chiflarle y darle avena, por lo que ella interpretó mas rápido que yo el mensaje.

     Luego fui al galpón agarre una lata de durazno vacía, la llene de avena y se la deje en su comedero.

     Me agarró sed y recordé que no había agua en la heladera, así que me fui al tanque por que ahí sale bien fresquita, directo de la perforación. El reflejo de la luna y las estrellas en un tanque de un molino es digno de una pintura, de una obra de arte.  

     Luego me fui hacia la casa, prendí el farol y me dirigí a mi habitación.

     Y bueno, ahora si, llegue al ahora¡¡¡¡¡, ahora estoy sentado con los píes cruzados, posición indio, en la cama con mi linterna de minero en la frente escribiendo estas líneas.

     No sé que fue lo que me llevo a contarles todo esto, quizás es por que necesite expresar ese momento mágico, por que para mi fue tan lindo que no compartirlo resultaba egoísta, tal vez es por mi afán de escribir, o en una de esas es por que estoy medio cansado de que me pregunten qué hago en el campo, si me gusta, si me aburro, si no extraño mi anterior trabajo.

     Esta noche no pasó nada especial, seguramente fue una noche más de este último año de mi vida. Lo que la distingue del resto es simplemente que la esté describiendo en papel.

     Esta noche es una de esas pequeñas cosas que no dicen nada por si mismas, pero que si la sumatorias de todas ellas hacen que hoy pueda sentirme un hombre feliz.

     Me sentí el dueño del mundo, sé que no es así, pero ahora soy parte del paisaje y eso no es por que halle mi lugar, sino que un lugar me hizo encontrarme a mi mismo.

     Ahora todo lo es en primera persona, el que relata soy yo, antes me sentía un mero espectador, un observador relatando percepciones ajenas, cuando tristemente se trataba de mi vida.

     Es como que necesité de mucho ruido y alboroto para disfrutar ahora de este silencio, de esta paz.

     El campo me ablandó, me hace sentir que lo antes indispensable es ahora obsoleto, que lo antes imprescindible ahora sea lujo, permitiéndome ver y disfrutar de esas pequeñas cosas.

     Me desnudó ante el mundo, haciéndome caer en lo absurdo cuando pienso en algunas cosas que antes perseguía, buscaba o soñaba.

     El campo me hizo descubrirme, logró que encuentre mi paz interior al conciliarme conmigo mismo, por que ahora soy lo que pienso y digo lo que siento.

     Si uno no tiene paz interior todo pasa a tu alrededor y no te das cuenta.

     Sin ella no podría ni siquiera encontrar melodías en los cantos de los grillos, agudos en la rueda de un molino con engranajes gastados y tambores en el chorro interrumpido de agua que cae sobre un tanque.

     Con estas palabras NO quiero decir que todo el mundo se debería ir al campo, todo lo contrario, sino que aquellos que no se reconocen tienen que buscar la manera de encontrarse con ellos mismos, de mirarse al espejo y reconocerse, de acostarse cada día felices por lo que vienen haciendo, yo ese encuentro lo tuve acá, otros quizás no tengan que irse a ningún lado. Pero por favor búsquense aquellos que se encuentran perdidos, porque sino nada tiene sentido. 

     Ahora se me cierran los ojos, son las 00:30, acá todos se acuestan a las 21 horas, a las 5 me tengo que despertar, aunque siempre duermo una súper siesta de tres horas por el calor.

 

                                                                 Hasta mañana¡¡¡¡¡¡¡

 

 

                                                                           Martín Adalberto Iseppi

                                                                 Derechos Reservados © Copyright

 

Este soy yo, es una tarde en el campo apoyé la cámara en un poste del alambrado y salió así el color, no tiene ningún retoque esta imagen

PARTIENDO

por Martín Adalberto Iseppi (Escritor) el jueves, 23 de febrero de 2012 a las 11:27 a.m. · 

                                                                           

Este pequeño relato lo escribí en Agosto del año 2011. Tengo un amigo mío de ochenta y pico años. Paso semanalmente horas con él, converso mucho tomando mates,  le pregunto de todo y nunca conocí una persona tan lucida y con tanta memoria con esa edad, situacion que me llama mucho a atenciòn. Es un libro abierto. El siguiente fragmento es una recopilación de las sensaciones que percibo continuamente de él. 

 

                                                                        PARTIENDO

 

                                                    Siempre supe que morir es parte de vivir,
                                Pero nadie me enseño a vivir mientras se acerca la hora de partir.
 
                                                    Siempre supe que todos coincidimos en algo,
                                                                 en como venimos y como nos vamos.
                                       Pero lo raro de ello, es que esta vez me toca a mí dejarlos.-
 
                                                                         Que injusta que es la vida,
                                                              ahora que ya se como se tiene que vivir,
                                         las agujas de mi reloj me están marcando la hora de partir.
 
                                                                  Un par de veces le gané a la parca,
                                                pero la mochila de mis años me esta aplastando,
                                                                          y es imposible derrotarlos.-
 
                                            Dejando de rumbear, gastado de patear, rendido a mi vejez,
                                  solo espero que mis retoños sean tiernos, fuertes, dignos y memoriosos,
                                                 que sus recuerdos me hagan regresar una y otra vez.
 
                                 Últimamente me he conciliado con los míos, dejando mis  mañas a un costado,
                                                     lo terco en anécdotas y lo porfiado en mi memoria.
 
                            De tanto andar, he dejado una huella bien pronunciada, ojala¡¡¡ que sea apreciable
                                     y que no se tape de matorrales y la puedan seguir usando los notables.
 
                                       Quieren que me atienda, que no sea tan descuidado con mi salud, 
            pero lo que no entienden es que por más que mi alma y sentimientos se encuentren intactos,
                                          este cuerpo se cansó de galopear y casi no puede tranquear.-
 
                                  Todos admiran mi salud, no entiende que el tiempo me esta ganando.
                                                                            Todos veneran mi lucidez,
                                 yo ruego un poco de locura que me haga no entender este sereno final.
 
                                                                             Son muchos los rastros,
                      son muchos los surcos que dejó el tiempo de juventud tatuados en mi armadura.
                    Cuando la vida no se la titubea, sino que se la transita y se la zanja, otra no queda.
 
       Siempre he mirado hacia delante, proyectando nuevos sueños, hoy mis ojos miran hacia atrás.
                   Como puede ser que tanto he cambiado, que mi cuerpo no pueda ya más danzar.
 
                                              Espero haber dejado muchos recuerdos, muchas historias,
                                                                      así me inmortalizan con sus memorias.-
 
               Ya no quiero pensar que puede ser mi último encuentro, basta de despedidas silenciosas,  
                         de emociones de vejez, no aguanto más las fúnebres noticias de los de mi época,
                                                      no soporto el miedo de cada noche al dormir.
 
                                                Que será después esto, ¿vendrá lo oscuro o  lo despejado?
                                  Dios mío¡¡, nunca te busqué, nunca te llamé,  ya no tengo miedo de ir a dormir,
                                                                        dile a la sombra que me encuentre ahí.-
 
                                                                               Que injusta que es la vida,
                                                                     ahora que ya se como se tiene que vivir,
                                               las agujas de mi reloj me están marcando la hora de partir.
 
 
 
                                                                                                                         Martín Adalberto Iseppi
                                                                                                        Derechos Reservados © Copyright
 

Imagen obtenida de la Web

 

“INTERPRETANDO UNA MELODÍA”

por Martín Adalberto Iseppi (Escritor) el miércoles, 7 de marzo de 2012 a las 06:56 p.m. ·

Había una canción de un grupo de música que se llama “U2” que me encantaba, la escuche por años una y otra vez. Una vez, al no saber nada del inglés, intente jugar con su significado, y así nació este pequeño fragmento en diciembre del año 2000

 

                                                          “INTERPRETANDO UNA MELODÍA”

 

  Están en África, también en Europa, para qué hablar sólo de América si también están en Asia y Oceanía.

  No sigas sin preocuparte, cambiemos juntos algo de todo esto.

  Son compañeros, amigos y personas como todo el mundo.

  Son sólo niños, tal vez abuelos o quizás parientes nuestros, que por donde mires se encuentran. No te esmeres en no verlos, en no aceptarlos.

  No agrupemos con un nombre a estas personas, concibámoslas como seres iguales a nosotros, como en realidad son, a pesar de ser victimas de nuestras omisiones.

  No menospreciemos al otro, solo un peso y un pedazo de ropa limpia no te hace distinto, sino solo afortunado por el lugar o posición donde te toco nacer o por las oportunidades que se te presentaron.

 

   Tienen mente, también pensamientos.

   Tienen alma, también sentimiento.

   Tienen hambre, pero no alimentos.

   Tienen ojos, no te escondas.

   Te están mirando y no te entienden.

 

   Vos tenés conocimiento de la realidad, de lo que sucede, no te hagas el ignorante, intentá ver solo una vez a través de sus ojos y te darás cuenta de lo complicado que son sus momentos y más aun cuando no se tienen explicaciones.

   No se trata de comunismo, ni mucho menos capitalismo, sino de solo intentar equiparar la desigualdad que nos consume lentamente, de no dejar pasar por alto tantas atrocidades.

   No seas cobarde, haz solo un intento y verás que bien se duerme con dulces pensamientos.

   Más me enloquezco cuando trato de entender esta naturaleza llena de frutos y sabia en alimentos que de a poco estamos destruyendo, cambiándole el rumbo, de no servir tanto como alimento, sino de dirigirla, dominarla para así lograr satisfacer intereses personales que hacen fallecer a una colectividad en aprietos.

    Hoy no hablamos de peste o epidemias, sino de bocas secas, de panzas llenas de líquido por la ausencia de comida.

    Estamos retrocediendo en el tiempo, luchando por existir o sobrevivir, donde el fuerte domina al débil cada vez más, donde lo bueno y lo malo se mezcla de tal forma que el yin - yang se vuelve gris.

   Me hablan de igualdad, también de libertad y por que no de la vida, de su derecho.

   Me nombran principios, y unos cuantos derechos, con muchas garantías para protegerlos, para respetarlos, para hacerlos efectivos.

   Dicen de la economía, de subas y bajas de la bolsa, de países del primer o tercer mundo, excusándose con lo global, con los efectos del achicamiento del espacio y el acortamiento de los tiempos.

   Hablan de tipos de políticas, de planes, de estrategias, de religiones y hasta de razas.

   Dicen también que hay deudas, del sometimiento económico de una nación a otra, que en realidad se traduce en la esclavitud de todo un país.

   Discuten por soberanías y hasta arman guerras.

   No quiero oír más nada de todo esto, no me interesan sus luchas económicas y hasta partidarias que están destruyendo al planeta, que crean cada vez más remordimiento, más odio en las personas.

    Esto nos está pasando a todos, no nos podemos ceñir más en una nacionalidad, una bandera, en un territorio o en una historia. Tenemos que evolucionar, que avanzar, porque esta situación afecta a todo el planeta por seguir pensando que la gente se esta muriendo de hambre, sin darnos cuenta en realidad que son nuestras víctimas, tan solo por cerrar los ojos.

 

 

                                                                                              Martín Adalberto Iseppi

                                                                                     Derechos Reservados © Copyright


“YO SOY”

de Martín Adalberto Iseppi (Escritor), el Viernes, 27 de abril de 2012 a la(s) 15:31 ·

                                                                      “YO SOY”

 

 

 

Yo soy ese que te habla a escondidas, el que esconde tus mentiras.

Yo soy el que sabe de tus esfuerzos y tus vagancias, tus sacrificios y tus glorias.

Soy el que responde tus preguntas silenciosas y te deja al ridículo cuando piensas en voz alta.

Soy el que charla con vos en cada solitaria cebada. El que escucha eso que te no te animas a expresar.

Yo soy tu inconciencia y tus contradicciones. El que cuestiona tus silencios.

Yo soy el que sabe cuando mentís o disimulas la verdad. El que conoce tu egoísmo.

Yo soy ese espejo que te mira cada mañana al despertar. El que te hace hablar cuando duermes.

Yo soy tu almohada donde apoyas y desnudas todos tus miedos en cada desvelada.

Yo soy esa sensación que te hace retorcer y estremecer el estomago cada vez que la ves.

Soy el que te eriza la piel, el que te hace sonrojar.

Yo soy esa carcajada, también esa tentación que no te deja tragar y hasta un par de veces casi te hace pillar.

Soy ese que ha hecho que te tires peditos en lugares y momentos inoportunos, ¿Te acordás?

También soy ese que hace 3 segundos logró que te sonrías.

Soy tu inocencia y presencia, tu razón y tu locura.

Soy tus desvelos nocturnos, tus sueños y pesadillas de madrugada.

Soy el que decide cuando es amor de verdad.

Soy eso que llaman percepción o los deyabú de la otra mañana.

Yo soy tu otro yo, ese que se lo apoda la voz de tu conciencia.

Soy este impulso por escribir. El que hizo que detengas la marcha de tu camioneta en este desértico camino vecinal de tierra, el que también hace cinco minutos te obligó a tomar una lapicera y el cuaderno para escribir.

Soy ese, este y aquel, la voz de tu interior, el que te disputa, tu otro yo y mi única intención fue que te des cuenta que acá estoy¡¡¡¡¡¡, como siempre, acompañándote a vos.

 

                                                                       Martín Adalberto Iseppi   

                                                             Derechos Reservados © Copyright

 

 

 

 

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